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La virtud y la moral ¿responsabilidad del maestro?


Mtro. Alberto Rafael León Ramos
albertoleonramos@hotmail.com
Publicado en Tlanestli. 10 de junio 2013.

Un tema muy interesante y que concierne a los mexicanos que se desempeñan como docentes es el de la moral escolar. En el libro “El debate sobre los valores de la escuela mexicana” de Pablo Latapí, aborda el tema de la orientación moral que se le ha dado a las escuelas mexicanas. Aquí abordaré específicamente el capítulo “Los conflictos de valor en el ámbito educativo”.[1] En ese apartado se mencionan los problemas a los que se enfrentan la moral escolar, el autor nos señala varios factores que son la causa de por qué la moral escolar esta en picada; un primer factor es la televisión y los “contravalores televisivos” éstos, dice el autor, son un factor principal para que los niños y jóvenes tengan una visión equivocada de la vida, ya que los ideales que se plasman en ella son realmente distópicos. También la moral que en la televisión se enseña es deshumanizante.


“la televisión inculca en los niños y jóvenes una visión de la vida carente de sentido humano… se les familiariza con funciones sociales normativas y estereotipo… se les inculca persistentemente el principio de que el éxito depende del consumismo, y de que e siempre el más fuerte el que triunfa”[2]


Otro efecto que es patente en los niños y jóvenes mexicanos a causa de los contravalores televisivos es la falta de un sentido crítico porque la mente se acostumbra a las banalidades y la trivialización, lo cual genera un lenguaje ínfimo e insulso.  Un segundo factor es la intrusión de los empresarios en la política educativa, según el autor, son cinco motivos por los que los empresarios se entrometen en estos asuntos: El interés por que la mano de obra de sus empresas sea previamente entrenada en sus patrones. Consideran que la educación pública es deficiente y que sus instituciones educativas privadas son mejores por lo cual el estado debería de imitarlas. Al considerar a la educación del estado deficiente pretenden ofrecerles servicios de actualización y mejoramiento de sus planes, también la venta de materiales didácticos. Lo cual es un negocio muy rentable. Tratan de presentarse como instituciones filantrópicas ante la sociedad para ganar reputación.
La afinidad que tiene con el gobierno en cuanto a sus objetivos e intereses.



Un tercer factor, que el autor considera, es la simulación que se da en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y en el magisterio; también apunta en las violaciones en que han incurrido los maestros en cuanto sus comportamientos y conductas, las cuales les transmiten a los alumnos.

“si viola la legislación para obtener permisos a cambio de beneficios para el SNTE; se falsifican documentos a veces con anuencias de las autoridades…se venden calificaciones…se lucra con negocios no autorizados, se induce a gastos a los alumnos…se presiona a las familias a hacer contribuciones económicas “voluntarias” y aun se encubren delitos graves de injusticia, maltrato y violaciones sexuales”[3]

Y por tal razón, la autoridad moral que tienen los maestros sobre los educandos se ve cancelada, porque no son consecuentes. Falta mucho para llegar a una cultura de la legalidad, la transparencia y la confianza en las instituciones públicas, porque las prácticas cotidianas en las escuelas van al revés. Latapí, sigue comentando que por esas practicas inmorales es que se ha ido mermando la calidad en la educación y que las escuelas mexicanas están en un grave deterioro y los alumnos son los que más llevan la de perder porque imitan ese patrón de comportamiento de sus maestros, llevándolo a la práctica. Lo cual degenera en una moral retorcida. El tema que aborda Latapí es muy interesante, porque en primer lugar trata una cuestión que es común a todos los mexicanos, a las amas de casa, los obreros, campesinos, a los mismos estudiantes, a los profesores, a muchos les compete este asunto. Es bien sabido que la televisión mexicana es el principal factor de ladesvalorización de los niños y jóvenes, pues a través de ella se transmiten “valores” que no van acorde a la realidad en que se vive, ya que los sujetos aprenden por imitación, y en estos últimos años se ha dado por imitar modismos, pensamientos, formas de pensar y actuar que llevan un tinte de “vida americana” y que no son del todo benéficas ni mucho menos morales. La descomposición de la sociedad, y por ende de la moral, en parte es causa de la televisión. Y no recae exclusivamente en los maestros como lo ha querido hacer ver el señor Latapí. 

Se nos habla de moral, de virtud, de ética, de compromiso para y con los niños y jóvenes mexicanos y esta responsabilidad no es exclusiva del educador, él es simplemente una parte del todo, porque el niño y el joven se desarrolla en diferentes contextos; es decir, el principal y más importante de todos, y que es donde desarrolla su moral es el hogar, en donde se encuentra ese aparato deformador de mentes llamado por todos televisión. Otro contexto es el social, el cual incluye los lugares que regularmente visitan el niño y el joven en el cual ven cierto tipo de conductas que llegan a repetir. El contexto de la escuela es el que se ha venido cuestionando por este autor, y el cual dice es la principal fuente donde el niño y el joven aprenden sus conductas inmorales, porque imitan a su maestro. Es necesario hacer ver que el educador no tiene exclusivamente la responsabilidad de formar un ser pensante, sino que es responsabilidad de todo el conjunto, porque una sola parte no podrá llevar a buen término la conformación de ese ser.


Como ya bien señala Latapí, la televisión es un factor por el cual se aprenden conductas inmorales, que el niño y el joven repiten en la escuela, ¿cómo quiere que el maestro lleve a buen término la educación y la conformación virtudes morales en el niño y el joven si ya de antemano vienen corrompidos y hacerlos sujetos pensantes, si están de antemano programados en una anarquía y estulticia intelectual? La virtud[4] es de dos especies, la intelectual y la moral. La primera se debe a la experiencia y es de la que se encarga el educador; la segunda, la moral, es la que se da por costumbre y esta costumbre es la que se da en la casa y el contexto social.


La virtud y los valores morales no se cosechan en ningún árbol, ni mucho menos se les puede meter por la cabeza o se les puede dar en pastillas para que se las tomen cada dos o tres horas; las virtudes- la moral y la intelectual- y los valores son algo que no se cosechan, sino que se ejercitan diariamente y los cuales hay que cuidar para que no se retuerzan. Y, como ya apunté, es tarea de todo el conjunto y no de una parte.





Bibliografía

[1] Tomado de la revista Proceso, 17 de agosto de 2003, Núm. 26
[2] Ibid,
[3] Ibid,
[4] Cfr. Aristóteles, Ética Nicomaquea, ed. Època.

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